Son nervios, miedo e impotencia
Son ilusiones caídas , nostalgia
Son ganas de volar , de escapar lejos
Son ganas de llorar cuando menos
sentido tiene
Son malas respuestas, escepticismo
susceptibilidad
Como dos imanes cargados negativamente Son mis días frágiles.
- Me estabas observando.
- Bue...
- ¿Durante cuánto tiempo? ¿Sólo ésta noche?, ¿una semana?, ¿dos?, ¿desde que me mudé? Así que has estado controlando...¿eh?, ¿Qué más has visto?
- Bueno, nosé... muchas cosas... y no me refiero a lo que estás pensando, sino... Por ejemplo, he visto que eres una de las tres únicas personas en el mundo que se mueren por las patatas fritas con sabor a pizza. Y eres la única persona que conozco que pasa más tiempo en el tejado de su casa que dentro de ella, y allí te gusta leer, pero leer libros, no revistas de cotilleos o para adolescentes... lees libros interesantes. Además, haces una cosa que es como un trastorno compulsivo, pero no lo es: siempre que sales de tu habitación, sujetas el pomo, te preparas, pero sin embargo, no sales. Te detienes, te hechas atrás, te vuelves hacia el espejo, y te miras. Pero no es una mirada en plan que buena estoy, más bien te preguntas quien eres. Y ese hecho es... es genial. Y como yo, pasas tiempo mirando por la ventana, pero tu observas el mundo. Siempre intentas entender por qué no está todo en orden, como en tus libros. Tansólo... te miro.
- Es lo más espelburante, y lo más bonito que he oído jamás.
Tengo miedo de que te canses de mi, de que ya no sea lo mismo que era antes, de que lo que antes te impresionaba ahora te aburra, de que la monotonía se convierta en nuestro peor enemigo.
Quizás no hace tanto, pero ella ya no está; es inevitable no acordarse de ella, porque no era solo una perra, era muchísimo más que eso, ha dejado un hueco enorme que es difícil o imposible volver a llenar.
Te quiero, desde siempre y para siempre.